No todo superhéroe lleva capa

Existe un pensamiento extendido entre el aficionado al ciclismo que afirma con rotundidad que la temporada empieza con la disputa del Omloop Het Nieuwsblad el último sábado de febrero. Con un mes y medio de desfase con la première del Tour Down Under y tras las visitas a Omán, Dubai o Argentina y los estrenos en Francia, España o Italia, en Bélgica se echa el telón al ciclocross y se da inicio a la temporada de clásicas.

Cada cual afronta la pretemporada competitiva a su manera y toda visión es perfectamente legítima. Si a alguien le interesa la mía hasta hace dos años podría haberse definido fácilmente en dos términos, highlights y bases de datos. Pero con el regreso de la Volta al País Valencià todo cambia y si el pelotón viene a visitarte al menos te planteas un mínimo seguimiento a la carrera. Me ahorraré cualquier tipo de comentario acerca del departamento de comunicación de la carrera, ya lo hice en su día.

El año pasado me acerqué a ver la contrarreloj individual al muro del Mirador de Torre Bellver y este año tenía pensado dejarme caer por el Mas de la Costa, pero todo quedó en papel mojado cuando un par de días antes un amigo me propuso subir el Penyagolosa, así que cambié un día en una cuesta de cabras por un día haciendo el cabra en la montaña. Ahorraré detalles de cinco horas con nieve hasta las rodillas, crampones ochenteros y principios de congelación en las manos, lo dejaremos en que disfruté como un enano.

Habíamos dejado el coche en Sant Joan de Penyagolosa y de vuelta hacia Vistabella nos encontramos lo que estábamos esperando, una moto de la Guardia Civil cortando el paso. Por un momento pensamos que aún podríamos ver la carrera, pero el resto de gente allí parada empezaba a desquiciarse porque a pesar de que hacía un buen rato que había pasado el pelotón no había ni rastro la bandera verde.

Tras un buen rato a lo lejos apareció un ciclista del equipo Burgos – BH remolcándose de su coche, no sé quién era ni tampoco me importa. 5 minutos… 10 minutos… y seguíamos sin noticias de la bandera verde. La gente empezaba a impacientarse cuando entre la nieve se vislumbró la silueta un último ciclista seguido de la ambulancia. Debía llevar ya una eternidad perdida con cabeza de carrera pero ahí seguía dando pedales sin plantearse la opción del abandono, luchando contra el frío y el viento. Era Albert Torres.

Saqué el móvil, hice una foto y mientras llegábamos a una zona con cobertura empecé a rumiar cómo expresar en un tuit mi admiración hacia su persona. Esperaba un porrón de retuits a mi mensaje y repercusión mundial pero el contador se quedó en cuatro, incluyendo el del propio ciclista. Qué le vamos a hacer, nunca seré un influencer. Por la noche me enteré que había entrado en meta a más de 45 minutos del ganador. Poco me importó, Albert Torres me había ganado para siempre. De ahora en adelante siempre será muchísimo más que un campeón del mundo.

albert-torres
@xavandbel
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